viernes, 25 de mayo de 2018

RESEÑA (by MB) ::: EL TURISTA DESNUDO - Lawrence Osborne




Título original: The Naked Tourist 
Autor: Lawrence Osborne
Editorial: Gatopardo
Traducción: Magdalena Palmer 
Páginas: 320
Fecha de publicación: 3 abril 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 20,95 euros 
Imagen de cubierta: Río Menya, Papúa Nueva Guinea




El escritor Lawrence Osborne, pese a saber que por muy lejos que uno vaya siempre habrá un tour operator esperándolo, busca un lugar alejado de la civilización en la isla de Papúa Nueva Guinea. Y decide emprender un viaje distinto a cualquier otro: empezando por uno de los destinos más contaminados de la Tierra, como el Dubái que los jeques están transformando en un inmenso parque temático, las islas Andamán, semiderruidas por el tsunami y en proceso de reconstrucción como las nuevas Maldivas, Tailandia, vista como una enorme ciudad de la salud y del fitness, para concluir en una inmensa isla entre cielos verdes, ríos enrojecidos y volcanes en erupción, donde Osborne se encontrará desnudo y feliz en medio de una orgía tribal, no sin antes haber sabido transmitir al lector su irresistible manía de viajar a todas partes, en un mundo que estamos transformando en una terrible caricatura de nuestras propias fantasías. Lawrence Osborne disecciona las ciudades con la precisión de un cirujano y nos muestra sus tripas como nadie ha sido capaz de hacerlo hasta ahora.


Lawrence Osborne es el turista que ha visto, olido y escuchado todo en todas partes y lugares posibles. El mundo, en toda su grandeza, magnitud y esplendor, se le ha quedado pequeño. Para él, todo está trillado, usado y manipulado. Entiendo que, para un escritor de libros de viajes que ha visitado países y pernoctado en 1.034 habitaciones de hotel, su sentimiento no puede ser otro que el resumido en una frase al principio de su libro:
El deseo sigue ahí, pero el objeto del deseo ha dejado de existir.
El turista desnudo no puede considerarse una novela ni una guía de viajes al uso. Más bien al contrario: es un ensayo a través del cual Lawrence Osborne va rellenando esa cáscara vacía en la que se ha convertido su vida al errar por tantos países diseminados en los diferentes continentes. Todo ello lo pincela con ese sarcástico humor inglés donde chocan las ganas de lo nuevo con la comodidad cotidiana, como esos almohadones que se supone que siempre hay a disposición del turista para hacerlo sentir como en casa sin estar en ella.  

Aun así, al mismo tiempo quiere descubrir algo nuevo, nunca  visto ni imaginado. En fin, toda una serie de paradojas muy bien instruidas y construidas con los argumentos que nos da la historia del turismo. En este caso, el autor hila esos argumentos con su propia experiencia, justificando unas veces (y otras no tanto) el modo en que los ingleses, con su Gran Tour, al tiempo que expandían los limites de su Imperio se replicaban en cada sitio o lugar, barriendo todas las idiosincrasias de los que allí vivían. 

Parece un poco raro que aquellos que llevaban sus comodidades a todos los rincones de su Imperio, ignorando las culturas originales y primigenias, luego se extrañen por tener la sensación de que todos los lugares son iguales. Al fin y al cabo no dejan de ser los mismos hoteles con los mismos servicios en todos los sitios y ambientes... Y así, con este hastío, nos encontramos a Lawrence Osborne al comienzo de este libro.

Él quiere volver a sentir el placer del viajero, sus descubrimientos e incomodidades... adaptarse a los pueblos y a sus territorios, y no lo contrario (que las diferentes gentes se tengan que adaptar al turista, vacío y uniformado). Quiere sentir el placer de lo nuevo, ver el mundo con otros ojos y salir de la zona de confort de los Tour Operators, los nuevos "consulados", que llevan de la mano a sus turistas y sus clientes a cualquier parte del mundo que demanden. Ellos harán todo por ti, todo lo que tu dinero pueda comprar.

En medio de lo que parece una crisis existencial, Lawrence Osborne planifica uno de esos Grand Tour que duran más de seis meses, durante el que recorrerá diferentes países en distintos continentes. La ruta asiática le hará viajar por Dubái, Calcuta, las islas Andamán, Bangkok, Bali y Papúa Nueva Guinea, y acompañaremos al autor en todas esas experiencias que el turista promedio puede encontrar si visita esos lugares y recorre los mismos sitios.

Así, pasaremos del lujo por el lujo de la ciudad de Dubái a las reminiscencias coloniales de Calcuta, para seguir con una pequeña introducción a las culturas primigenias de las islas Andamán. Luego un alto en el camino y una puesta a punto a todos los niveles (sexual, espiritual y de salud), pasando por lo más escatológico posible que puede sentir un ser humano... todo ello en aras de la salud más económica y accesible.

El final de su viaje llegará cuando pase por Bali para llegar a Papúa Nueva Guinea, su destino final y por el que ha recorrido miles de kilómetros. En Papúa Nueva Guinea es donde se desnuda literal y metafóricamente, dándolo y sufriéndolo todo para llegar a la catarsis necesaria, esa que le hará recuperar su pasión por viajar y la ilusión de vivir en este mundo tan cambiante y desconocido (aunque leyéndolo, parece todo lo contrario).

A modo de equipaje le acompañan dos viajeros (que no turistas): los antropólogos Margaret Mead y Lévi-Strauss. El autor recorre los mismos sitios y lugares que ellos recorrieron anteriormente, pero con una variable que Lawrence Osborne no ha tenido en cuenta: los tiempos son otros, y los ojos también son distintos y, por tanto, las percepciones nunca pueden ser las mismas para ningún ser humano.

En definitiva, si la lectura me ha calado es gracias al ansia del autor por descubrirse y reconocerse, porque se ha asemejado a mi ansia lectora por recorrer todas las páginas de su libro y así impulsar mi curiosidad y mi saber, al cual doy gracias por no tener límites.

El turista desnudo es toda una revelación, donde los distintos caleidoscopios de los pueblos se centrifugan para converger al final y definirse de acuerdo a las  necesidades de los Tour Operators... y Lawrence Osborne nos lo cuenta tal y como él lo percibe.


Lawrence Osborne nació en Inglaterra. Estudió lenguas modernas en Cambridge y Harvard. Vivió en París diez años, ciudad donde escribió su primera novela, Ania Malina (1986), así como el libro de viajes Paris Dreambook (1990). Posteriormente llevó una vida nómada; vivió en Nueva York, México, Estambul y Bangkok, ciudad esta última donde reside en la actualidad.

Es autor de la colección de ensayos The Poisoned Embrace (1993) y del libro de memorias Bangkok Days (2009).


En 2012 publicó su novela The Forgiven, considerado uno de los mejores libros del año por The Economist, Library Journal y The Guardian. En 2013 apareció el libro sobre la bebida, The Wet and the Dry. Un año más tarde publicó su novela The Ballad of a Small Player, y Hunters in the Dark en 2016.

Lawrence Osborne colabora habitualmente en el New York Times Magazine. Escribe también para la edición internacional de Newsweek.

jueves, 24 de mayo de 2018

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miércoles, 23 de mayo de 2018

RESEÑA (by MH) ::: LOS CRÍMENES DE CATER STREET - Anne Perry




Título original: The Cater Street Hangman 
Autora: Anne Perry 
Editorial: Plaza & Janés  
Traducción: Gloria Méndez 
Páginas: 328 
Fecha publicación: 1979
Fecha esta edición (4ª): abril 1997
Encuadernación: bolsillo
Precio: descatalogado
Diseño de cubierta: Judith Commeleran 
Fotografía de cubierta: Mary Evans Picture Library

Con Los crímenes de Cater Street Anne Perry inicia la serie de novelas que tienen por protagonista al inspector Thomas Pitt, un discreto policía londinense destinado a desentrañar, en plena época victoriana, los horrendos crímenes perpetrados por una sociedad reprimida e hipócrita.

En esta ocasión un barrio de clase acomodada se ve sacudido por un sanguinario asesino. Las víctimas son siempre mujeres jóvenes que aparecen brutalmente estranguladas. En su investigación, Pitt encuentra el apoyo de Charlotte Ellison, una encantadora muchacha disconforme con las rígidas actitudes de su clase social.

Creo que 2018 va a ser mi año de las relecturas, porque aquí vengo con otra, y en este caso tiene un por qué. Me he propuesto varios retos atemporales que puede que me lleven la vida entera, pero como el optimismo es gratis, allá que voy. De momento me he planteado tres, y como una es muy profesional, me he hecho hasta banners y todo. Los he juntado todos en este enlace, e iré añadiendo seguramente algún reto más. El caso es que uno de ellos es empezar a releer desde el principio la serie del inspector Pitt, de la autora Anne Perry. ¿Por qué? Pues porque los he leído sueltos, dejé de leerlos en algún momento, esta mujer no se jubila y sigue publicando, los nuevos no los compro porque me faltan algunos entre medias por leer... Y yo adoro a Pitt. Mucho. Así que he decidido coger el toro por los cuernos y empezar otra vez por el principio. Tengo 31 libros por delante (si pensáis que me falta un viaje, acertaréis. Si pensáis que me faltan dos, ni os cuento xD).

Estamos en 1881, y la vida en casa de los Ellison transcurre con la normalidad de una familia de clase media-alta. El matrimonio Ellison tiene tres hijas: Sarah, la mayor, casada con el atractivo Dominic Corde, Emily y Charlotte. Todos ellos viven en el hogar familiar, y nada más comenzar el libro vemos que el asesinato de la joven Chloe Abernathy, vecina del barrio donde viven, es la comidilla a la hora del té. Pero la vida sigue, los asesinatos se suceden, y cuando resulta evidente que hay un asesino en serie suelto por sus calles y la muerte cae sobre la propia casa de los Ellison, es cuando la familia ve cómo su vida se ve invadida por la policía, la desconfianza y los recelos... sin duda el asesino es alguien conocido por las fallecidas, tiene que ser alguien del vecindario, ¿pero quién?

La historia se toma su tiempo en arrancar, pero no porque se haga lenta, sino porque se nota que Perry tenía muy claro que esta serie iba para largo y hace un desglose detallado a lo largo de las páginas del mundo que rodea a la familia Ellison. No solo nos presenta a todos sus miembros, sino su modo de vida, sus costumbres, sus relaciones, sus rutinas... Y digamos que tienen que morir unas cuantas jovencitas hasta que por fin, ¡por fin!, el inspector Pitt hace acto de presencia y da comienzo a la larguísima serie que lleva su nombre.

Sin duda son varias las cosas a destacar de la novela. Por un lado, el retrato del Londres victoriano que se aleja de las fachadas impolutas de sus calles y sus habitantes. Perry se caracteriza en su obra precisamente por escarbar en lo que se esconde detrás de las buenas apariencias y las buenas maneras, sobre todo en una clase social elevada en la que todos parecen que nunca han roto un plato pero donde, quien más y quien menos, tiene muchos secretos que esconder. Por otro lado, y aunque es una novela coral en cuanto a personajes y todos tienen sus escenas y subtramas, la protagonista indiscutible es Charlotte. Mientras que sus hermanas cumplen con el papel de la época (bien casadas y acomodadas, o en busca de un buen pretendiente que mantenga o eleve su estatus social), Charlotte es independiente, inconformista, inquieta, lectora voraz, interesada por lo que ocurre más allá de la puerta de su casa, preocupada por aquellos que no han tenido tanta suerte como ella, que siempre dice lo que piensa, respondona y con mucho carácter que no siempre sabe controlar... Todas estas cualidades son las que llaman de inmediato la atención del inspector Thomas Pitt cuando llega a la casa.

¿Y qué os puedo decir de Pitt, este inspector no demasiado agraciado, despeinado y desaliñado, con inteligentes ojos azules, hermosa voz y dicción perfecta "a pesar de ser solo un policía"? Pitt tiene un sentido del humor peculiar y no se achanta ante las continuas muestras de desprecio hacia él (un policía era como un comerciante, un simple obrero de clase inferior. Solo los pobres llamaban a la policía). No sabe comportarse en sociedad (ni quiere, diría yo), es descarado con Charlotte, la repasa de arriba a abajo con la mirada sin cortarse un pelo, le habla de lo que hay más allá de su barrio refinado, de la verdadera pobreza, del crimen, la delincuencia, la mendicidad infantil, la prostitución... le abre los ojos a una Charlotte que vive en los mundos de Yupi y para la que un asesino debe ser barriobajero y pobre, jamás alguien respetable. Tiene muy buenas intenciones pero es muy ingenua en cuanto a lo que muchas almas esconden tras un rostro elegante. Y que Pitt le cuente la verdad, le hable de tú a tú y confíe en ella al tiempo que se muestra impertinente y se la come con los ojos... bueno, os podéis imaginar :)

No cabe duda de que el plato fuerte de la novela es el desarrollo de la relación entre la señorita Ellison y el sagaz inspector Pitt, pero más allá de esto, evidentemente estamos ante una novela de intriga policíaca, solo que un tanto atípica y mucho más calmada que cualquier novela que se rija por los cánones actuales, así que el futuro lector debe estar sobre aviso: el retrato social de la época y la clase social media-alta, la relación entre Pitt y Charlotte y la investigación se reparten a partes iguales el protagonismo de la historia. Eso sí, nadie debe perder de vista que Pitt es un excelente policía. Muy intencionadamente comienza a repartir sospechas entre todos los hombres de la casa, y aunque el método policial en aquella época tenía muchas limitaciones y se tarda toda la novela en sacar algo en claro con respecto al culpable, es como un sabueso que no deja de olisquear su presa sin importar si molesta o no.

¿Conocéis esa sensación de que un libro sabes que te encanta, que guardas un recuerdo fantástico de su lectura, pero no recuerdas los detalles exactos ni las razones concretas de por qué? Pues eso me ha pasado con Los crímenes de Cater Street. Y volver a leer esas mismas cosas que me encantaron, y descubrir además que me siguen gustando ahora igual o más, ha sido un gustazo. He redescubierto una ironía latente durante toda la novela que no recordaba del todo, y Thomas Pitt me sigue pareciendo un personaje inolvidable dentro de la literatura de detectives... iba a decir clásica, pero no es realmente el caso. Aunque este libro tiene ya sus años (1979), es en la forma en lo que parece un clásico. Perry sigue las normas de la literatura policíaca de muchas décadas atrás: abres el libro y huele a clásico del género, a novela que te arrastra por el Londres victoriano, a la niebla en la que se esconden depredadores, a la labor policial que solo puede avanzar a base de preguntar, preguntar, preguntar porque no había más medios, al romance que tarda todo un libro en ebullir y hierve a fuego lento a base de miradas, palabras no dichas y conversaciones inteligentes... 

Sé lo que me vais a decir, lo sé: que al formar parte de una serie no os apetece, que ni de broma os vais a poner a leer esto con 31 libros por delante con todo lo que tenemos pendiente por leer, que vaya pereza... ains, lo sé. Pero si algún alma aventurera (y locática como yo) se atreve, creo que disfrutará de la novela en particular y de la serie en general. De hecho seguramente habéis leído libros sueltos de este detective porque se siguen publicando, y el último se editó en España este pasado mes de marzo (Traición en Lancaster Gate), pero es que yo estoy empeñada en volver a leerlos todos desde el principio y recordar su evolución. Tengo muchas ganas de llegar a los libros que no he leído, pero siguiendo el orden. Se lo debo a Pitt, uno de mis crushes literarios desde que era una cría... y yo soy muy fiel a mis crushes literarios.

Por cierto, supongo que todo el mundo sabe quién es realmente la autora, Anne Perry, pero por si alguien anda despistado, su nombre real es Juliet Hulme, y protagonizó durante su adolescencia en Nueva Zelanda un truculento crimen real que fue llevado al cine por Peter Jackson en la película Criaturas celestiales (le dio vida la actriz Kate Winslet). Juliet se reinventó en Inglaterra, se sacó de la manga a Anne Perry... y ahí la tenéis, culpable de asesinato (sip) y muchimillonaria gracias a sus libros (estupendos para quien le guste el género, que una cosa no quita la otra). Anne Perry es en sí misma un personaje de novela.

Incomprensiblemente no hay una serie de televisión que adapte esta serie de libros, aunque en 1998 se hizo una intentona adaptando este primero que os traigo hoy. Si no se ha leído la novela y no se conoce la historia está bien, es un period drama muy aceptable. Si se ha leído el libro, meten unos cambios a todos los personajes que a mí, particularmente, no me gustan nada (Pitt a la cabeza). No os la reseño porque hoy por hoy está complicada de encontrar para verla (si alguien la quiere que silbe, por cierto), pero bueno, para quien le gusten los period dramas y no le importe verlos en versión original con subtítulos, estas adaptaciones siempre resultan interesantes :)

Termino, y me despido confiando en lo buenas personas que sois y en que me perdonéis por el tocho. Os dejo con el tráiler (o algo así) de la peli que os comento arriba.







Anne Perry nació en Blackheath, Inglaterra, en 1938. Su escolarización fue interrumpida en varias ocasiones por los frecuentes cambios de domicilio y sucesivas enfermedades, que la llevaron a dedicarse apasionadamente a la lectura. Su padre trabajó como astrónomo, matemático y físico nuclear. Él fue quien la animó a dedicarse a la escritura. Tardó veinte años en publicar su primer libro. Durante todo ese tiempo realizó diferentes trabajos para ganarse la vida y dedicarse a lo que realmente era su pasión: escribir. Su primera novela sobre la serie del inspector Pitt, editada en 1979, fue Los crímenes de Cater Street. Anne Perry se ha consagrado como consumada especialista en la recreación de los claroscuros, contrastes y ambigüedades de la sociedad victoriana. Su serie de novelas protagonizadas por el inspector Pitt y Charlotte, su perspicaz esposa, es seguida por millones de lectores en todo el mundo.

lunes, 21 de mayo de 2018

RESEÑA (by MH) ::: LA FELICIDAD CONYUGAL - Lev Tolstói






Título original: Семейное счастье
Autor: Lev Tolstói
Editorial: Acantilado
Traducción: Selma Ancira
Páginas: 172
Fecha de publicación original: 1859
Fecha esta edición (5ª): febrero 2018
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 11 euros
Imagen de cubierta: Habitación de la casa donde nació Lev Tolstói


En esta bellísima historia, Tolstói nos habla del amor y del matrimonio a través de la historia de Masha y Serguéi. Contemplamos su enamoramiento, el candor de los primeros momentos, la dicha de la intimidad compartida, así como las tempranas decepciones que dan paso al verdadero amor. Un texto sobre la generosidad y la ternura que subyacen en toda unión profunda.
El reto Serendipia fue el primer reto anual al que nos unimos al abrir el blog, y desde entonces no hemos faltado a la cita. Para el de este año 2018, nada más ver el listado de las propuestas de los demás compañeros de reto, tuve clarísimo las tres lecturas que iba a hacer. Algunas porque las tengo esperando en la estantería y el reto me viene de perlas, y otras, como esta, porque es Tolstói, y os podréis imaginar que, en lo que a mí respecta, no hay nada más que añadir. La propuesta viene de la mano de la estupendástica Rocío, de Cazando estrellas: Libros y más... y os dejo aquí el enlace a su reseña. La recomendación, como no podía ser de otra manera, es fantástica: qué maravilla de historia.

Acaba de fallecer el padre de Masha y, salvo por su hermana pequeña y la mujer que siempre ha cuidado de las dos, está sola en el mundo. Serguéi, un antiguo amigo de su padre y bastante más joven que él, es el administrador de la herencia. Masha no lo ha visto desde que era una niña, y cuando aparece en la casa se da cuenta de que le sigue profesando el mismo afecto, pero le parece un viejo comparado con ella (en realidad él no tiene más de 35 años, pero le dobla la edad). Serguéi, por su parte, que recordaba a Masha como una niña, se enamora de la jovencita de 17 años en que se ha convertido, aunque contiene sus sentimientos a causa de las reticencias de ella y las suyas propias (en ambos casos por la edad), y simplemente acude a la casa como buen amigo de la familia. Pero Masha poco a poco irá dándose cuenta de que sus sentimientos cambian, que se está enamorando de él... y ahí comienza todo.

Este proceso, el de su enamoramiento paulatino, la consiguiente boda y la convivencia y evolución del matrimonio, es lo que se narra en esta novela. Y vosotros diréis: "Pues vaya, lo mismo de siempre. Esto lo tengo ya más que leído y superado". Pues no, porque esto lo narra Tolstói, y su maestría, su genio, su comprensión y compasión por la naturaleza humana, su forma de ver la vida y de entenderla, lo son todo en la historia. Y son palabras mayores. Hacía tiempo que no lo decía y hoy me permito el lujo: La felicidad conyugal es una joya.

Redundo en ello, pero es que Tolstói basa buena parte de la narración en la diferencia de edad entre los dos protagonistas, y la utiliza para incidir en aspectos que forman parte de su narrativa y de su propia filosofía de vida, que caracteriza muchas de sus obras. Serguéi sabe que él ya lo ha vivido todo y que Masha apenas ha vivido nada. Sabe que eso a la larga será un obstáculo entre ellos, como así ocurre. Tolstói vuelca en Serguéi sus propios ideales, unos ideales basados en el conocimiento, la madurez y la experiencia: el amor por la vida en el campo, el respeto por los hombres y las mujeres que lo trabajan, la tranquilidad de la vida sencilla y carente de lujos, el sacrificio en pos de una vida digna y honesta... A Masha, sin embargo, le insufla todo aquello que él detestaba, lo opuesto a su ideal de una vida digna, culpando de su imprudencia a la falta de madurez y mundología: ansias por la vida urbanita, la frivolidad de la vida en sociedad, el gusto por los falsos halagos y el florecimiento de la vanidad, la negligencia en la atención a la familia en pos de fiestas y reuniones... en pocas palabras, el artificio en todas sus vertientes. Esta dicotomía entre Serguéi y Masha es Tolstói en estado puro, nada de lo que dice es casual.

Esta novela, que apenas llega a las 200 páginas, fue la primera en la que Tolstói otorgó su protagonismo a una mujer y, a pesar de los muchos traspiés que comete a la largo de la historia, también la hace crecer y evolucionar a lo largo de ella hasta que alcanza la madurez emocional e intelectual. Masha es la que nos narra todo en primera persona, es su punto de vista el que conocemos en todo momento, y Tolstói intenta que empaticemos con ella. Así, asistimos a su caminar dentro de la historia, al tiempo que su amor por Serguéi va cambiando. De la pasión y el enamoramiento iniciales pasamos a la dicha gozosa de los dos primeros años juntos, para luego ser testigos del acomodo y la rutina y dar paso al aburrimiento y el deseo de más gente a su alrededor, de conocer personas y cosas, de salir de la burbuja del matrimonio. Sus sentimientos van cambiando, la intensidad se transforma en sosiego, y evoluciona hacia algo que dista mucho de la visión inexperta que ella auguraba en sus primeros días de enamoramiento.

Que el lector comparta o no el ideal del amor de Tolstói no tiene la mayor importancia a la hora de leer esta novela. Que el lector considere que la visión que da el autor sobre qué es el amor y qué es el matrimonio, tampoco. La felicidad conyugal es una reflexión sobre la vida en común donde el color de rosa es una mera quimera y en la que la penetración psicológica, sobre todo en el personaje de Masha, lo inunda todo. El amor a lo largo del matrimonio tiene que pasar por muchas etapas en un recorrido agridulce que unas veces despunta de felicidad y otras se hunde en el reproche y la amargura, hasta encontrar ese punto de maduro equilibrio en el que los dos se perdonan, se entienden y se complementan. Y Tolstói narra todo esto en apenas 170 páginas soberbias en las que su estilo es el de siempre, deslumbrante y realista, sin abrumar en la forma pero apabullando en el contenido, y ofreciendo, al fin y al cabo, su particular visión de una hermosa historia de amor, en la que hermosa, ni mucho menos, quiere decir perfecta.

Por si os lo preguntábais: sí, queda mucho por descubrir en la novela; no os he contado tanto, aunque lo parezca. Es de esas historias sublimes e indispensables que quien la lee siente la necesidad imperiosa de recomendar. Es de esas historias en las que, por muchas décadas de distancia que existan, se demuestra que los sentimientos son atemporales. Es de esas historias en las que un narrador soberbio demuestra su genio y su sabiduría en una pura economía de páginas. Es de esas historias que hay que descubrir porque la buena literatura, la buena de verdad, es necesaria... y hay que leerla. Sin más.


 


Lev Tolstói (Yásnaia Poliana, 1828- Astapovo, 1910). Su destreza narrativa, la profundidad de sus intuiciones y la precisión psicológica con la que describe a sus personajes lo erigen en uno de los pensadores morales más fecundos y más fascinantes. En su obra hay títulos tan relevantes como Guerra y paz (1869), Anna Karénina (1877) o Resurrección (1899). 
En Acantilado han aparecido Sonata a Kreutzer (1889; Acantilado, 2003), la crónica Confesión (Acantilado, 2008) y el relato largo La tormenta de nieve (Acantilado, 2010), así como una selección de sus Diarios (en dos volúmenes, correspondientes a los años 1847-1894 y 1895-1910; Acantilado, 2002 y 2003) a cargo de Selma Ancira, que también se encargó de la edición de su Correspondencia (Acantilado, 2008), y la fabulosa biografía Vida de Tolstói, de Romain Rolland (2010). En 2012, Acantilado publicó La felicidad conyugal.

domingo, 20 de mayo de 2018

JUNIO ::: MES DE LA NOVELA HISTÓRICA

¡Buenos días!

Hacía ya un tiempo que no participábamos en los meses temáticos organizados por Laky porque a ninguna de las dos le cuadraban bien las lecturas, pero este mes de JUNIO, dedicado a la NOVELA HISTÓRICA, ya sí que sí. Además, y sin que sirva de precedente, podemos adelantar como mínimo dos de las lecturas que seguro caerán, y otra que se va a intentar. Las tres serán mías (MH), y si se anima MB con alguna, pues ale, tiraremos la casa por la ventana :)


Por un lado caerá la que yo creo que vamos a reseñar buena parte de los participantes en el mes temático: EL SUEÑO DE CRETA, de José Vicente Alfaro. Todavía no me he puesto con ella, pero en cuanto termine las dos que tengo a medias, le toca.

Por otro reseñaré una de mis actuales lecturas, EL LEGADO DE JIMENA, novela también autopublicada de Nieves Noguera, a la que podéis seguir en su blog, Leyendo con Nieves. De momento me está gustando, así que espero que siga la cosa igual.

Y si puedo también caerá EL ÚLTIMO FARAÓN, de Wilbur Smith. Lo digo siempre, el Antiguo Egipto es uno de mis periodos históricos favoritos. Depende de como vaya de tiempo, pero lo voy a intentar. Aprovecho y os digo que mi autora favorita desde siempre de esta temática es Pauline Gedge, así que a quien le interese la novela histórica ambientada en el AE y no la conozca, ya está tardando.


Y ya está, que no es poco. Hablo a título personal, pero me puedo tirar meses y meses sin leer novela histórica, así que hay que aprovechar el mes temático. ¿Os animáis?





viernes, 18 de mayo de 2018

RESEÑA (by MH) ::: LA SEÑORITA DASHWOOD - Elizabeth Taylor





Título original: Palladian 
Autora: Elizabeth Taylor 
Editorial: Ático de los libros
Traducción: Claudia Casanova 
Páginas: 240
Fecha publicación original: 1946
Fecha esta edición: 26 noviembre 2012
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 18,50 euros 
Diseño de cubierta: Taller de los libros
«Incluso antes de verle o de hablar con él, Cassandra había decidido amarle, como una institutriz en una novela. Conocerle simplemente había confirmado su intención, había hecho posibles sus esperanzas».

La joven Cassandra está sola en el mundo después de la muerte de su padre. Cuando llega a Cropthorne Manor como institutriz de la pequeña Sophy, la desgastada mansión y las decadentes estatuas de la propiedad son exactamente como esperaba. Y Marion Vanbrugh es el dueño ideal: viudo, austero, distante, y aficionado a la literatura griega. Marion y Cassandra se sienten atraídos el uno por el otro, pero esta no es una novela del siglo XIX y Marion no es el único inquilino de la mansión. Está Tom, irascible y descontento; Margaret, embarazada y voraz; la inepta tía Tinty y la excéntrica y dominante Nanny.


De la misma forma en que Jane Austen contrastaba con ingenio la vida real de su tiempo con las fantasías góticas de una joven en La abadía de Northanger, Elizabeth Taylor explora con sutileza las realidades de la vida de una Jane Eyre de la posguerra en esta obra repleta de matices, publicada por primera vez en 1946.

Aunque es la editorial Gatopardo la que se ha encargado en los últimos tiempos de recuperar en castellano a la escritora Elizabeth Taylor (se avecina nueva publicación en un mes, por cierto), hace unos años otra editorial, Ático de los Libros, hizo lo propio con un par de novelas de la autora. Uno de ellos es La señorita Dashwood, que posiblemente sea su libro más famoso o representativo, y que tenía pendiente de leer hace mucho, mucho tiempo. Por fin le he sacado hueco (y otro pendiente menos en la estantería).

Cassandra Dashwood se ha quedado huérfana tras fallecer su padre, y la señora Turner, la directora de un internado para señoritas del que Cassandra había sido alumna años atrás, le busca un puesto como institutriz en Cropthorne Manor, una mansión desvencijadada y descuidada que está en un pequeño pueblo de la campiña inglesa. Allí se encontrará con que no solo viven su pupila, Sophy, y su padre, Marion Vanbrugh, sino la tía de este último, Tinty, y sus dos hijos, Margaret y Tom, además de Nanny, que no se sabe muy bien qué puesto ocupa en calidad de persona del servicio pero que es casi la que más manda en la casa. Todos ellos forman una familia peculiar, excéntrica, con un drama que pende sobre sus cabezas de manera constante como es el fallecimiento de la madre de Sophy, Violet, cuando esta era un bebé. Y a esa casa arriba Cassandra con un objetivo ardiendo en su inocente corazón: enamorarse del padre de su pupila y convertirlo en su propio Rochester, cual Jane Eyre ambientada tras la Segunda Guerra Mundial.

A ver cómo digo esto para que se me entienda... a mí me ha gustado mucho, pero tengo muy claro que no es un libro para recomendar alegremente a todo el mundo por muy diversas razones.

Estamos ante una novela costumbrista típica de la autora, pero es una novela pausada, de esas que en apariencia no pasa nada relevante. No es que no pase nada tal cual, porque de hecho ocurre una cosa en el último tercio del libro que te hace leer el párrafo dos veces de lo inesperada que es por si la has entendido mal, pero la narración en sí fluye sin grandes sobresaltos, con cierta languidez y melancolía. Es una novela de personajes, de lo que piensan y sufren, de sus sentimientos, de cómo se relacionan entre ellos, de cómo se enfrentan al pasado o lo que creen saber sobre él, de los secretos que guardan, de cómo se adaptan a una vida y una sociedad en la que no terminan de encajar... Se podría acusar a algunos personajes hasta de sosos, pero son tal y como la autora quiere que sean para contar la historia que quiere contar, y es lo que hay. Para disfrutar de esta novela se tiene que tener afinidad con cierto tipo de literatura agridulce, con regusto clásico y nostálgico, porque si no lo más normal es que la lectura resulte un peñazo. Más clara no puedo ser :)

La mansión es también un personaje en sí mismo con sus estatuas, su cementerio, su distintos edificios medio abandonados, su jardín... Marion no le presta mucha atención desde la muerte de su esposa Violet, y eso confiere a las descripciones sobre el lugar un cierto aire gótico y desamparado. Pocas veces salimos de la casa salvo escenas puntuales, muchas de las cuales tienen lugar en el pub del pueblo, segundo hogar del alcoholizado Tom, quizás (seguro) el personaje más complejo de toda la novela, el que más cosas esconde, el que más sufrimiento lleva dentro y el que solo quiere beber hasta morir, mientras su primo Marion se refugia en la literatura y parece querer buscar lo mismo, la muerte, pero con un libro entre las manos.

En la narración se atisban varias referencias literarias, y para implementarlas la autora otorga a su protagonista una pasión desmedida por la literatura clásica, a poder ser victoriana. Los libros rigen la vida de Cassandra y su forma de afrontarla. Mirad cómo empieza el libro, porque en ese primer párrafo Elizabeth Taylor retrata a su heroína en apenas tres líneas:
Cassandra, gracias a todas las novelas que había leído, estaba segura de experimentar las emociones adecuadas mientras estaba de pie en su dormitorio [...]
Esta es Cassandra: quiere hacer de su vida una novela y vivirla acorde a lo que ha aprendido en ellas. Por eso tiene clarísimo que sea como sea Marion Vanbrugh, se va a enamorar de él, cual Jane Eyre con su Rochester, referencia que no se oculta en la historia. Sin embargo la autora, muy a propósito, otorga a Marion un carácter en las Antípodas del Rochester de Charlotte Brontë: quiere reminiscencias, no copias. Este "parecido marcando distancias" también se aplica al fantasma que sobrevuela Copthorne Manor, que bebe directamente de la Rebecca de Daphne du Maurier, así que os podéis imaginar la situación. Mucho menos evidente es la insistente semejanza que se pretende buscar entre Elizabeth Taylor y Jane Austen en esta novela. Y eso que la protagonista de esta novela, Cassandra, se apellida Dashwood como mis queridas heroínas de Sentido y sensibilidad, pero hasta ahí llegan los parecidos por mucho que se quiera buscarlos. 

En otro orden de cosas, debo decirlo: me ha defraudado mucho la edición, sobre todo porque la traductora es escritora y la propia editora de Ático. Hay cosas mal traducidas (por contexto no tienen sentido, y si al lector le resulta evidente eso, mal asunto), hay construcciones de frases con una sintaxis chirriante  (a ratos te da la sensación de traducción rara, y no es solo opinión mía, que indagando por la red he visto más comentarios en el mismo sentido), y me cuesta entender que aparezcan expresiones como "ves a" (del verbo ir), o "de sobras", así en plural, repetidas veces (vamos, que no son erratas, debemos suponer que son expresiones de la traductora que se han dado por buenas en la corrección). A ver, que se lee sin problemas, pero precisamente la prosa de Elizabeth Taylor se caracteriza por su elegancia, y es difícil no reparar en esas cosas porque la lectura a veces no fluye como debería. Sabéis que soy muy honesta cuando me encuentro cosas de este tipo, y creo sinceramente que este libro necesita una buena corrección de arriba a abajo.

Por lo demás, y dejando aparte lo negativo en cuanto a la edición (que es algo totalmente ajeno a la propia calidad del libro en sí), repito lo dicho arriba: a mí me ha gustado mucho, me encanta el regusto clásico costumbrista que rezuma, pero igual que otros creo que pueden llegar a un amplio abanico de lectores, con este tengo mis dudas. Ya no por la prosa de Taylor, que es totalmente accesible y nada rebuscada, sino por la historia en sí y la forma en que avanza a lo largo de las páginas. Si os gustan las lecturas sosegadas con un toque de romanticismo, otro de drama, otro más de humor e ironía, otro más acusado de retrato social de la clase media-alta de la posguerra... vamos, si os apetece una novela barnizada con pinceladas suaves que avance con mesura, sin apenas brochazos enérgicos que descarrilen la trama, este es vuestro libro. Como busquéis sensaciones fuertes, emoción a raudales, personajes arrolladores y que ocurran montones de cosas... coged otro :)


Elizabeth Taylor (1912-1975) fue una novelista y escritora de relatos británica. Kingsley Amis la describió como “una de las mejores novelistas inglesas nacidas en este siglo”; Antonia Fraser se refirió a ella como “una de las escritoras más injustamente olvidadas del siglo XX” y Hillary Mantel dijo que era “hábil, buena escritora y no se le habían reconocido lo bastante sus méritos”.

Fue brevemente miembro del Partido Comunista y luego apoyó durante toda la vida al Partido Laborista británico. Su primera novela, En casa de la señora Lippincote, se publicó en 1945 y fue finalista del Premio Booker con Mrs. Palfrey at the Claremont. Seguirían once más, entre ellas, La señorita Dashwood (1946), quizá la que muestra más claramente la influencia de Jane Austen en su obra.

Las novelas de Taylor tratan de las situaciones de la vida cotidiana, sobre las que escribe con destreza. Sus agudos pero cariñosos retratos de la vida de la clase media y media-alta inglesa le valieron un fiel seguimiento de lectores con gusto literario, así como leales amigos en el campo de las letras. Fue amiga del novelista Ivy Compton-Burnett y del novelista y crítico Robert Liddell.

Anne Tyler la comparó en una ocasión con Jane Austen, Barbara Pym y Elizabeth Bowen, diciendo que eran las cuatro “hermanas del alma”.