lunes, 11 de diciembre de 2017

RESEÑA (by MH) ::: LA PESTE ESCARLATA - Jack London




Título original: The Scarlet Plague
Autor: Jack London
Editorial: Libros del Zorro Rojo
Traducción: Marcial Souto
Páginas: 112
Fecha de publicación original: 1912
Fecha esta edición: marzo 2017
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,90 euros
Ilustraciones de cubierta e interiores: Luis Scafati

«Se aceleraba el ritmo cardíaco y aumentaba la temperatura corporal. Después aparecía la erupción escarlata, que se extendía como un reguero de pólvora por la cara y por el cuerpo…» 
 
En 2013 estalla en las principales ciudades de la Tierra una peste fulminante que se propaga con rapidez hasta el último rincón habitado. No hay para ella antídotos conocidos; en cuestión de días, el vano éxodo de los pobladores vacía las ciudades, devastadas por el pillaje, los incendios y la violencia. Con el paso del tiempo, unos pocos supervivientes van formando pequeñas comunidades mientras a su alrededor una vegetación asilvestrada, sin control, ahoga las zonas antes cultivadas, y los animales domésticos, con garras y dientes, tratan de asegurarse un lugar en el nuevo orden zoológico. Sesenta años después de la tragedia, el último superviviente de la peste —entonces joven profesor universitario y ahora anciano de casi noventa años— intenta al final de su vida transmitir algo de experiencia y sabiduría a sus nietos casi salvajes, evocando un mundo que ya nadie sabe que ha perdido. 
 
La Peste Escarlata (1912), un clásico memorable sobre la fragilidad de la civilización, inauguró el género de novela catástrofe y dejó su huella en libros tan notables como La Tierra permanece (1949), de George R. Stewart, y La carretera (2006), de Cormac McCarthy. Las ilustraciones realizadas para esta edición por el gran artista argentino Luis Scafati añaden una dimensión onírica, a los horrores de ese futuro apocalíptico imaginado por Jack London.

Es una verdad universalmente reconocida que quien acuda a los clásicos, encontrará en ellos temáticas, historias, géneros, que muchos lectores creerán que son modernos en su creación o que se han inventado, como quien dice, hace cuatro días... pero que no. Todos los temas que en algún momento han preocupado al ser humano, que subyacen a la propia humanidad y su historia, están plasmados en los clásicos. Todo (o casi todo, por si alguien me dice que exagero) en la literatura se inventó hace muchos, muchos años. ¿Amor por los clásicos? A toneladas, a raudales, desde el fondo de mi alma lectora. Porque nunca, nunca, dejan de sorprenderme. Más que muchas novelas contemporáneas que tratan los mismos temas, porque la verdadera originalidad está en los libros y autores de hace 100, 150 o 200 años. Ellos fueron los pioneros, los que crearon mundos de la nada sin referente alguno, y suyo es el mérito de la existencia de determinados géneros. 

Y eso ocurre con La peste escarlata. Aunque bebe del concepto que plantea Poe en La máscara de la muerte roja (de hecho London hace un guiño a esta obra al principio de la historia), muchos de los aficionados al género apocalíptico y post-apocalíptico contemporáneo, a las historias sobre virus o enfermedades que aniquilan a casi toda la humanidad de la faz de la tierra... se sorprenderían si leyesen lo que escribió Jack London hace más de cien años. Todo, todo lo que hemos visto en otras obras mucho más modernas, estaba ya en La peste escarlata, porque fue con esta novela con la que comenzó este género, y todos los subgéneros que han nacido desde entonces maman de lo que se cuenta en ella. Ahí es nada.

Al comienzo acompañamos a un viejo y a un niño. Van camino de reunirse con otros dos niños más que les esperan en la playa. Visten con andrajosas pieles de animales de una sola pieza. Llevan arcos, flechas y cuchillos de caza. Caminan sobre el riel de una vía que ha sido prácticamente devorado por la maleza y la naturaleza en sí misma. Se cruzan con un oso enorme.

—Era de los grandes, abuelo.
—[...] Entonces no había osos. No, señor. Escaseaban tanto que para verlos, en jaulas, había que pagar dinero.
—¿Qué es dinero, abuelo?
Estamos en San Francisco. Corre el año 2073. Sesenta años atrás, en 2013, surgió de la nada la Muerte Escarlata, una pandemia que arrebataba la vida en menos de una hora. Algunos ni siquiera duraban quince minutos. La población de la ciudad por aquel entonces era de cuatro millones de personas. Sobrevivieron solo cuarenta. Una de ellas, la única que queda con vida, es nuestro anciano protagonista, joven profesor de literatura inglesa cuando surgió la epidemia. Calcula que solo hay unos 300 o 400 humanos dispersos por el mundo. No sabe si estarán distribuidos en tribus, como lo están ellos en su pequeña comunidad. Han sido incapaces de crear una sociedad avanzada, de crear artilugios que les permitan intentar comunicarse con otras regiones o partes del mundo. Las personas con los conocimientos para hacerlo, murieron. La enfermedad no hizo distinciones ni ofreció justicia divina. Cayeron buenas personas y muchas malas sobrevivieron. Además hay muchos hombres y pocas mujeres. Han vuelto a una edad primitiva cuya única misión es la supervivencia y la reproducción para, dentro de miles de años, poder llegar a repoblar la Tierra. Hay que empezar desde cero.

Este anciano fue testigo de la caída de la civilización, paso a paso, desde que comenzaron los primeros casos hasta el caos posterior, el vandalismo, los asesinatos, la ciudad en llamas, la crueldad de los que luchaban por sus vidas, las decisiones extremas pensando solo en la salvación personal, la desconexión progresiva con el exterior... la parada, casi como la de un corazón que deja de latir, de la sociedad humana. Y de repente el silencio. Solo unas pocas decenas de personas, la naturaleza y los animales.

Con una prosa sencilla, sin artificios ni florituras, transmitiendo lo que quiere transmitir (no parece haber sido escrita hace más de cien años), la perspectiva que London ofrece sobre la civilización es turbadora, pesimista y quizás más realista de lo que nos gustaría creer. La vulnerabilidad de las bases sobre las que se asientan nuestra misma existencia, alarmante. Una vez que el mundo desaparece tal y como lo conocemos, las generaciones futuras, que no disponen de todo ese conocimiento, vuelven a un estado de tabula rasa: embrutecidas, ignorantes, supersticiosas, ni siquiera el idioma permanece inalterado, evolucionando hacia algo gutural, sin adjetivos, básico y corrupto. Todo lo que hoy damos por sentado, deja de existir.
¿Qué son millones? [...] ¿Qué es educación? [...] ¿Qué es una dama? [...] Abuelo, no uses palabras raras. [...] Abuelo, no entiendo nada de lo que dices.
El viejo llora recordando lo que una vez fue y probablemente jamás volverá a ser. Intenta transmitirles a estos niños la existencia de un mundo que ellos jamás podrán entender, porque su imaginación, su aprendizaje, su inteligencia, no alcanza a evocar las imágenes que él les ofrece. Para ellos es una historieta del abuelo de la que no entienden la mitad de los conceptos o las palabras. Pero a nosotros, que sí lo conocemos, verlo desaparecer ante nuestros ojos en estas páginas, el modo en que lo hace, el modo en que todo revierte... no deja de parecernos posible. Porque ciertamente no parece un futuro tan improbable en caso de sobrevenir una pandemia como esta.

London hizo un trabajo magnífico, y muy adelantado a su tiempo, sembrando el germen de "¿Y si...?". Pensad qué pasaría si muriese el 99% de la población mundial, y con ella todos los recursos, posibilidades y conocimientos que sustentan nuestro día a día. Libros que, una o dos generaciones después, nadie sabría ni podría leer. Si en vuestra ciudad sobreviviesen solo 20 o 30 personas. Y además escribió una novela atemporal, en la que lo mismo da que la catástrofe ocurriese en el año en que fue escrito que cuando el autor la ambienta. El miedo es el mismo, te hace preguntarte las mismas cuestiones, e incluso en nuestra época sería aún peor porque dependemos en grado extremo de la tecnología.

Mención aparte merece la edición de Libros del Zorro Rojo. Si no estoy equivocada, esta misma edición salió en 2012 en tapa dura con sobrecubierta. La que yo compré es la nueva en rústica con solapas, pero la portada y el interior de la edición son los mismos. Y vamos, de verdad, una maravilla. Las ilustraciones de Luis Scafati, originales para esta edición, le sientan como un guante a la historia, y la portada me tiene enamorada (sí, creepy, lo sé). Lo he dicho muchas veces: si además de una buena historia me dan una buena edición, yo estoy vendida. Me encanta que las editoriales se esfuercen en ofrecerle al lector ediciones curradas tanto en continente como en contenido.

En fin, como veis, en literatura todo está ya, de un modo u otro, escrito e inventado. Hace cien años Jack London escribió una novela post-apocalíptica que hemos visto infinidad de veces en el cine, la televisión y la literatura contemporánea, y en libros que hoy son considerados clásicos modernos pero cuya influencia, después de leer La peste escarlata, ya no me cabe duda de cuál es. Merece mucho, muchísimo, la pena, y en esta edición, más todavía.




Jack London (San Francisco, 1876 – Glen Ellen, 1916). Abandonado por su supuesto padre biológico, un astrólogo ambulante, y criado por su madre espiritista, tomó el apellido de su padre adoptivo, dejó temprano la escuela para huir de la pobreza y conocer el mundo.
 
De trabajador explotado en una fábrica de conservas, pasó a ladrón de ostras, de allí a enrolarse en un barco de pesca que llegó hasta Japón y, a su regreso, recorrió buena parte de su país como vagabundo.
Realizó los cuatro años de estudios secundarios en uno solo e ingresó en la universidad, pero pronto tuvo que abandonarla por falta de recursos. Se sumó a la fiebre del oro en Alaska, de donde regresó enfermo y con experiencias que alimentaron sus primeros relatos.
 
Socialista militante, Jack London estaba convencido, como Herbert Spencer, de la supremacía de los más aptos. «Voy a vivir cien años», anunció una vez, pero solo vivió cuarenta, en los que escribió medio centenar de libros, entre los que destacan La llamada de lo salvaje (1903), Lobo de mar (1904), Colmillo blanco (1906) y Martin Eden (1909), y llegó a ser el escritor norteamericano más exitoso de su tiempo. Libros del Zorro Rojo ha publicado —ilustrados por Enrique Breccia— Koolau el leproso y la antología KnockOut, tres historias de boxeo.

sábado, 9 de diciembre de 2017

RECORDATORIO ::: SORTEO SEGUNDO ANIVERSARIO

Mientras intentamos dilucidar cómo es posible que una entrada colgada el 1 de diciembre (En la Toscana te espero) de repente ayer apareciese como nueva entrada en el blog (¿¿??), os recordamos que el sorteo del segundo aniversario de Netherfield sigue abierto pero que ya ha entrado en su última semana.

El plazo termina el domingo 17 a las 0:00 horas, y el lunes 18 daremos a conocer a los nueve afortunados ganadores. Así que los más rezagados todavía estáis a tiempo, y a los que ya os habéis apuntado, que sois muchos, montones de gracias, de corazón.

Esta semana nos la hemos tomado un poco de relax y le hemos dado un descansillo al blog, pero el lunes volvemos a la carga. Y si no pasa nada, estas navidades caerán 3 o 4 reseñas de clásicos navideños. A ver a lo que da tiempo.

Los que hayáis sido unos suertudos y tengáis macropuente, esperamos que lo estéis disfrutando muchísimo, y los que no (entre los que me incluyo), pues a por el fin de semana. El vaso siempre medio lleno xD.

¡Besote a todos! 

https://inquilinasnetherfield.blogspot.com.es/2017/11/segundo-aniversario-y-sorteo-de-9-libros.html
 PINCHAD SOBRE LA IMAGEN PARA ACCEDER AL SORTEO :)

viernes, 8 de diciembre de 2017

RESEÑA (by MB) ::: EN LA TOSCANA TE ESPERO - Olivia Ardey




Título original: En la Toscana te espero
Autora: Olivia Ardey  
Editorial: Versátil
Páginas: 320
Fecha de publicación (2ª edición): junio 2014
Encuadernación: rústica con solapas
Precio: 16,90 euros
Diseño de cubierta: Eva Olaya


En el corazón del capitán Massimo Tizzi solo hay sitio para su pequeña Iris y su carrera como piloto del ejército italiano. Hastiado de la borrascosa relación que mantiene con la madre de la niña, lo último que desea es volver a complicarse con una mujer. La Toscana es su refugio y solo allí, junto a su familia, disfruta de las cosas buenas de la vida... 
Enamorarse no entra en los planes de Martina Falcone. Necesita escapar de una realidad que detesta y del recuerdo del hombre que destrozó su vida. Por suerte, Rita, su divertida y holgazana compañera de estudios, llega como un soplo de alegría mientras ella lucha con ahínco para convertirse en Asistente Social, su verdadera vocación.
Massimo y Martina son dos desconocidos que huyen del amor sin sospechar que una noche de sexo a ciegas en Roma está a punto de cambiarles la vida.

En la Toscana te espero es el tipo de libro que siempre te ayuda a evadirte y desconectar. Solo tienes que pararte un momento y observar su portada para ser consciente de que, cuando te sumerjas en su lectura, vas a disfrutar y a deleitarte.

La portada ya nos ofrece dos posibilidades: entrar a la villa Tuzzi por esa  maravillosa puerta toscana, o lanzarte al mundo en ese maravilloso seiscientos rosa chicle. Las dos opciones son verdaderamente apetecibles, y las dos las he descubierto y vislumbrado a lo largo de la lectura.

Así, nos encontramos dos duetos, Massimo-Martina y Enzo-Rita, con diferentes pesos en la trama del libro; no se puede llegar a decir que se trate de una trama coral. Desde un principio se percibe que la pareja formada por Massimo-Martina será la responsable de llevar todo el peso argumental, pues al final todo gira alrededor de sus vidas. A partir de ese núcleo se van hilando y tejiendo las relaciones de  todos los demás.

La relación Massimo-Martina es explosiva debido a sus respectivos caracteres; son personas que están de vuelta de muchas cosas. La vida, a pesar de su juventud, ya les ha dado sus respectivos reveses, pero si por algo me encanta Olivia Ardey es porque, a pesar de todos los vaivenes y pleamares, en sus novelas el amor siempre encuentra su curso natural, y cuando eso ocurre, mi vena romántica se inflama de felicidad... jajaja.

Lo que más me gusta de una reseña es que me cuenten todo sin decirme nada; entiendo que eso es un poco complicado de entender y más de hacer, pero es lo que procuro en las mías. Observando e intentando pasar de puntillas por la historia de amor de Massimo y Martina, he descubierto que su relación es volcánica, pues ya sea por sus inseguridades o sus razones personales, los dos piensan que no son los suficientemente buenos para el otro. Así, chocan, discuten, recelan, dudan, gesticulan... todo ello con un lenguaje tan italiano y tan cinematográfico que se hace muy fácil visualizar a ambos en la novela.

A lo largo del libro participamos de todos los encuentros y desencuentros de nuestra feliz pareja, y todos estos desencuentros son siempre felizmente resueltos. Entiendo que su relación es una carga de tensión sexual inagotable, necesaria para fraguar y unir a los protagonistas. En mi opinión, todas estas escenas van uniendo e hilando la trama, pues al final ellos son como son, y lo que sus mentes inseguras y ambivalentes son incapaces de aceptar y otorgar, sus respectivos cuerpos, por el contrario, lo reconocen de manera natural: esos sentimientos que los acercan y unen.

Leyendo En la Toscana te espero también participamos de la historia de Rita y Enzo, que es un poco menos melodramática, pero no por ello menos interesante. Reconozco que, de entre todos los personajes, Enzo es el que me resulta más afín: es claro y pragmático, pero no por ello deja de ser romántico, como así se lo demuestra a Rita en todas las oportunidades.

Su historia es menos tensional, pero no por eso me parece menos atrayente... más bien al contrario. Si lo pienso un poco y me dan a elegir, prefiero la historia de Rita y Enzo. Considero que en ella se cumple la máxima de que menos es más, y así, mientras unos se encuentran batallando en un tira y afloja contra su destino, ellos lo construyen con sólidos cimientos desde el principio.

Como Olivia Ardey dice que en la Toscana nos espera pues allá que vamos, embarcándonos desde la primera página de su novela en un viaje verdaderamente recomendable que, gracias a sus paisajes, gentes y pasiones, te hará disfrutar y desconectar. Seguro.




Olivia Ardey nació en Alemania, pero al poco tiempo su familia se trasladó a Valencia, donde reside con su marido y sus dos hijos. Ha crecido, vive y trabaja entre libros. Adora viajar, pasear por las calles de cualquier ciudady veranear rodeada de rascacielos. Además de cuentos y relatos publicados en diversas antologías, es autora de ocho novelas con las que ha consolidado un merecido hueco en el género romántico gracias a su sólida prosa y sus inéditas tramas.

Regálame París (Versátil, 2013) le valió el Premio Dama 2013 a la Mejor Novela Romántica Nacional.

También le ha sido concedido el Premio Aura 2014 a la Mejor Autora Romántica Contemporánea.

En 2015 fue distinguida con el Premio Púrpura Romántica de Honor.

lunes, 4 de diciembre de 2017

CUANDO PROUST VISITÓ NETHERFIELD #1 - JUAN MIGUEL CONTRERAS

Inauguramos sección, que esperamos que os guste y funcione, porque lo hacemos con mucha ilusión :)

En el siglo XIX (e imaginamos que principios del XX), era práctica habitual en las fiestas de sociedad que se hiciesen juegos para pasar el rato, y en una de ellas, a la que asistía un adolescente Marcel Proust, los invitados rellenaron un cuestionario donde se les preguntaba por sus gustos, afinidades, antipatías, lo divino, lo humano, etc... años más tarde Proust rellenó otro cuestionario similar pero con más preguntas que finalmente acabaría adoptando el nombre del escritor, el Cuestionario Proust.

Durante 16 años la revista Vanity Fair pasó estas preguntas (con variantes, intercalándolas... siempre las mismas pero no siempre todas a todos) a personajes famosos de talla mundial y de todos los ámbitos culturales, sociales y políticos (la recopilación de esos 101 cuestionarios fue publicada por la editorial Nórdica hace un par de años. Os traeremos reseña un día de estos).

El caso es que en Netherfield somos de culo inquieto, teníamos ganas de retomar la sección de entrevistas a escritores que dejamos un tanto estancada hace año y medio, pero nos apetecía hacer algo distinto, y Proust, con su bigote y sus ojos algo saltones, nos hizo un guiño. Así que hemos cogido el conjunto total de preguntas, y hemos añadido unas cuantas de componente literario que se ajustan al ámbito al que pertenecerán todos nuestros entrevistados. Y ese será el Cuestionario Proust-Netherfield que pasarán nuestros osados invitados :)

Estos cuestionarios cumplirán estas características:
  • Será siempre el mismo para todos, sin variaciones ni especificaciones sobre tal o cual libro del autor entrevistado, ni excepciones de ningún tipo. Todos los autores contestarán las mismas preguntas.
  • Aunque no hay una extensión máxima por respuesta, se les pedirá que intenten contestar de una manera concisa y sin extenderse demasiado (siempre que sea posible). 
  • Nuestro primer invitado, el autor Juan Miguel Contreras, nos ha ofrecido amablemente varios ejemplares para que realicemos un sorteo entre vosotros, pero esto siempre quedará a elección y ofrecimiento del autor, y por tanto el cuestionario no siempre irá acompañado de un sorteo.
Y a ver cómo va quedando... ¿Llegaremos nosotras también a los 101 cuestionarios? xD Todo esto se cuelga hoy por ser el primero, pero a partir del siguiente se os remitirá a la página donde quedará todo explicado y nos limitaremos al propio cuestionario. Promised :)



JUAN MIGUEL CONTRERAS
(Madrid, 1974)
-Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid.
-Primer premio del certamen de relatos Villa de Torralba con el cuento La ciudad trenzada (1988).
-Finalista del concurso de relatos de la Revista Eñe, Cosecha Ñ, con el cuento Sobre hojas de humo (2007).
-Director y programador del Festival Internacional del Teatro Lazarillo (Manzanares, 2000-2005).
-Propietario librería La Pecera (Manzanares, 2006-2011).






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(y a la RESEÑA de LA MUÑECA RUSA)
               Cuando acabe el invierno                      La muñeca rusa                             Cardiopatías
    (2004, Biblioteca de autores manchegos)       (2015, Baile del Sol)                    (2017, Baile del Sol)
                                                                                     RESEÑA




1. Rasgo principal de mi carácter: Creo que la inseguridad, aunque si consulto a la fuente más fiable me dice que es paciencia.
2. Cualidad que prefiero en un hombre: La sinceridad y la honestidad (si es que no son la misma cosa).
3. Cualidad que prefiero en una mujer: No veo motivos para contestar algo diferente a la anterior.
4. Lo que más aprecio de mis amigos: Que estén ahí, como una puerta, como el mar, los libros, los abrazos, los zapatos o las nubes, me da igual, pero que estén...
5. Mi principal defecto: Creo que la soberbia, aunque si consulto de nuevo a la fuente más fiable me dice que es la falta de autoestima. Presiento que una es consecuencia de la otra.
6. Mi ocupación preferida: Amo de casa, una de las cosas más jodidas y gratificantes que existe.
7. Mi idea de felicidad perfecta. Los besos de mi hijo sabiendo que será la sonrisa de su madre lo que vea después. Y también cuando mi cirujana cardíaca dice eso de “todo sigue igual, en un año repetimos las pruebas y nos vemos”…
8. Mi mayor desgracia sería… Perder lo irremplazable, eso que me aterra hasta escribir. En menor medida, me aterra la enfermedad y el dolor (del mundo, de la sociedad y de los míos).
9. Mi color y flor favoritos. Azul. Margarita. 
10. Si pudiese ser otra persona o un objeto, me gustaría ser… Creo que Yuri Gagarin o Pete Townshend, pero con ser la máquina de escribir Perkeo de Bohumil Hrabal me conformaría.
11. País en el que me gustaría vivir: Me gusta tanto el denostado concepto de Cosmopolitismo que me resulta difícil decir un país concreto. Soy un culo de mal asiento obligado al sedentarismo.
12. Mi mayor extravagancia: Mis ojos.
13. Mi compositor y pintor preferidos… Con el tiempo he ido descubriendo que no hay nada mejor que Popular y Anónimo. Desde hace unos años me interesa muchísimo la música de Christian Vander y su grupo Magma. No tengo favoritos pero me gustan songwriters como Bowie, McCartney, Tom Petty o Ian Hunter, aunque nada como Charles Mingus, la verdad. Con la pintura me pasa igual. Marc Chagall, Lucien Freud o Francis Bacon, depende del día.
14. Palabra o frase que repito a menudo. Hablo poco, pero creo que “esto no puede seguir así”, o “te quiero”.
15. Mis héroes y heroínas de la vida real. Cualquier persona que tenga una vocación y no la acabe jodiendo anteponiendo el beneficio económico; personal sanitario, profesores, trabajadores sociales, cómicos de la lengua...
16. Mi nombre favorito: Ulises y Vera, pero si sabe a hierba me conformo.
17. Lo que odio por encima de todo. La hipocresía y el cinismo.
18. Personajes de la historia que más desprecio. Muchos, obviamente, pero sobre todo desprecio a aquellos dirigentes que traicionaron ideales comunes por el beneficio propio.
19. Cómo me gustaría morir. En paz, o al menos pudiéndome despedir.
20. Mi estado habitual de ánimo. Europeo, es decir, decadente y nostálgico. Desde que soy padre sé que vivo en una noria emocional; lo que intento es controlar la rapidez o lentitud de las vueltas, algo por otro lado abocado al fracaso.
21. Don de la naturaleza que me gustaría poseer. Ser natural ya me parece suficiente don.
22. Faltas que me inspiran la mayor indulgencia. Aquellas relacionadas con la infancia, esas que provocan la inocencia y el crecimiento.
23. Ocasiones en que suelo mentir. Cuando no es necesario, y me temo que cuando escribo. En intentar remediar ambas cosas está la salvación.
24. Mi lema favorito. La realidad supera siempre a la ficción.
25. Mis autores favoritos en prosa. Biográficamente, los que me partieron por la mitad fueron Henry Miller, Boris Vian, Julio Cortázar, Bohumil Hrabal, Tolstói, Mijaíl Bulgákov y Roberto Bolaño.
26. Mis poetas favoritos. Mis lagunas son tantas que me da pudor contestar. Ahora bien, me considero afortunado de conocer y admirar a Teo Serna, él me da la medida de lo que debe ser un poeta (salvaje); y suelo releer a Roque Dalton.
27. Mis héroes preferidos de ficción. Demasiados para contestar brevemente. A bote pronto: Sócrates, Cosimo Piovasco di Rondò (el barón rampante), Herman Munster, SuperCoco, Tom Sawyer, el capitán Nemo, Jan Ditie, Popota, el doctor Fleischman, la rata Firmin, Cyrano, Bob Dylan...
28. Mis heroínas favoritas de ficción. Igual: Margarita (de Bulgákov); Anna Karénina; Cata, la mamá de Manolito (que Adriana Ozores bordó en su paso a la pantalla); Gilda, Nausícaa (la de Robert Graves sobre todo), Celine (el personaje de Julie Delpy en la trilogía de “Antes de…”), Antonia (la protagonista de la película Antonia´s Line), Mafalda…
29. Libro que siempre recomiendo a quien me pregunta. Mentiría si no dijera “El maestro y Margarita”, de Mijail Bulgákov, o “Una soledad demasiado ruidosa”, de Hrabal.
30. Prejuicios como lector. Si quieres que lea un libro hasta la última página, en papel...
31. Manías como escritor. Escribo cuando puedo y donde sea, así que no me puedo permitir tener manías.
32. Lo primero que hago al entrar en una librería. Suspirar.
33. Lo más bonito que me ha dicho un lector. Que piensa a menudo en Irina.
34. Libro que estoy leyendo. Pues acabo de empezar “El intento de amar de Stern”, del checo David Zábranský, sin haber acabado los tres o cuatro que llevo a medias.
35. Libro que no leería nunca. Tengo demasiados en la lista de pendientes como para pensar en cuál no leería. De todos modos, nunca diría que no a un libro; ahora bien, acabarlo ya es otro tema...
36. Autor del que siempre espero su próxima novela. Hoy por hoy, Eduardo Halfon, Emmanuel Carrère, Houellebecq y Mircea Cărtărescu.
37. Locura que he hecho por un libro. Robárselo a alguien que decía amar.
38. Clásico imprescindible. La Odisea, El Quijote, Anna Karènina y 20000 leguas de viaje submarino.
39. Clásico que me ha defraudado. Soy muy comprensivo con los llamados clásicos, y si alguno me defraudó fue culpa mía.
40. Libro que me hubiese gustado escribir. Todos los que he terminado amando desesperadamente.
41. Mi sueño como escritor. Editorialmente, que algún día no tenga que escribir delirantes y lastimeras cartas de presentación cada vez que mande un manuscrito, y que no pasen años (al menos no más de cuatro) hasta que lo vea publicado. Literariamente, que un libro mío le haga sentir a alguien lo que yo he sentido alguna vez leyendo.
42. Personaje favorito de toda mi obra literaria. Milos Meisner y el cojo Lucas.
43. Si mi última obra fuese un estado de ánimo sería… Entre inseguro, enfadado y valiente.
44. Mi última obra publicada le gustará a quien le guste… Me veo incapaz de responder eso, no creo que me corresponda a mí contestar esa pregunta. Escribo pensando en ser legible para cualquiera, buscando interpelar de alguna manera más o menos profunda al lector. Si hago el esfuerzo de imaginar que soy un crítico, diría que le gustará a quien le gusten Auster, Kundera o Bolaño, pero me cuesta creerlo.
45. Despedida libre. Fue un placer, lo hice lo mejor que pude.
  

¡MUCHÍSIMAS GRACIAS POR SER EL PRIMER VALIENTE, JUAN MIGUEL!
¡OS RECORDAMOS QUE PRÓXIMAMENTE HABRÁ UN SORTEO!